Se cumplen 20 años: “Así viví en primera persona la vuelta de honor a Le Mans”.

Mario Camacho, ex Director de Comunicación de Porsche Ibérica, delante del GT1 (versión para la calle). Le Mans 1997.

En 1947  Ferry Porsche junto a Karl Rabe y Erwin Komenda comenzaron el estudio de un deportivo biplaza, el proyecto nº356 que se convertiría en el primer Porsche 356, el primer coche de la historia de la marca. Ese Porsche era un roadster biplaza con motor central y carrocería de aluminio. El motor era de Volkswagen, pero modificado para dar 35 CV a 4000 rpm. Por eso, por este primer diseño, 1947 es considerada la fecha de partida de la marca; el inicio de lo que hoy es una de las empresas más exitosas del mundo, un icono de deportividad, vanguardia y lujo.

50 años después, en 1997, tuve el honor de ser el responsable de comunicación que debería dar a conocer el 50 aniversario de Porsche en España. Yo tan sólo llevaba 1 año en Porsche España como responsable de prensa y RRPP, pero ya había tenido la responsabilidad de presentar a los medios de comunicación el primer Boxster, el de 204 CV. Me acuerdo que buscamos una finca en Sevilla llamada El Esparragal

El Esparragal
Finca El Esparragal

Por allí pasaron todos los periodistas de motor más importantes de la época. Y allí llevé por primera vez al que luego sería una constante en mis presentaciones de producto, al Director Técnico de Porsche, Andrés Delgado. Andrés es un genio de la técnica y un muy buen comunicador. No sé si sigue ocupándose de estos temas como entonces, pero espero que sí porque lo hacía realmente bien; sobre todo cuando había que contestar alguna pregunta de periodistas muy entendidos y leídos como -por ejemplo- el maestro Arturo de Andrés (Autopista).

Pero en 1997 había que hacer algo para promocionar el 50 aniversario de Porsche. Y una de las acciones que hicimos para la prensa fue la que quiero contar aquí. Y la cuento ahora por una razón muy especial,  este fin de semana se corren las 24 horas de Le Mans,  la carrera de resistencia que se disputa anualmente en el mes de junio en el circuito de la Sarthe, Francia. En esta edición de 2017, la lucha por la victoria en el Circuito francés promete ser emocionante. Porsche quiere conseguir su tercera victoria consecutiva en una carrera en la que ha ganado en 18 ocasiones y que se podrá ver en Eursoport 1 y Eurosport 2 a lo largo del fin de semana.

Le Mans se empezó a correr en 1923, pero en 1997,  coincidiendo con el 50 aniversario de Porsche, yo acudí por allí para ver la mítica carrera por primera vez. Y lo hice acompañado de tres ilustres periodistas: Azucena Hernández (que era redactora jefe de Car&Driver, bajo la dirección de Emilio de Villota), Iván Mingo (ahora Subdirector de Car&Driver) y Alejandro Moñiz (redactor de motor del diario El Mundo). Esta debía ser una muy buena acción de prensa porque era el 50 aniversario de la marca y todos los Clubes Porsche europeos se darían cita allí. Los organizadores de Le Mans querían que muchos Porsche acudieran a la cita, y por eso nos habían reservado un parking dentro del recinto sólo para los Porsche asistentes y una sorpresa posterior…

Han pasado 20 años, pero me acuerdo muy bien de aquel viaje. Tenía un 911 Turbo (993) con Kit de potencia (450 CV) en la flota de prensa y un 911 (996) tiptronic de color oro con los que podríamos viajar a Le Mans desde Madrid para ver la carrera. Se lo ofrecí al diario El Mundo y a la revista Car&Driver que rápidamente aceptaron la propuesta, a pesar de que ya les dije que la idea era improvisar e ir un poco a nuestro aire, con pocos lujos. El alojamiento estaba reservado en un lugar que Manolo Doménech (el gran Manolo que en paz descanse), me había aconsejado. Me dio la dirección de un sitio cercano al circuito donde poder pernoctar.

Y nos fuimos a Le Mans en nuestros 911. En 1997 se podía correr por la carretera mucho más de lo que se puede hacer hoy en día. Y lo hicimos. Alejandro, mucho mejor conductor que yo, se hizo todo el viaje con el 911 Turbo sin darme la oportunidad de que le diera relevos. A él le encantaba conducir, y el Turbo no era algo a lo que se pudiera subir todos los días. Y a mí me parecía bine ir de pasajero. Alejandro tenía buenas manos y podía ir muy deprisa. Para muestra de lo rápido que hicimos el viaje, comentar que llegamos a ver la aguja del cuentakilómetros sobrepasando los 315 kms/hora. Eso es algo que hoy en día te puede llevar a la cárcel. Iván y Azucena sí se turnaban en la conducción del 996 (300 CV). Como íbamos bastante rápido,  llegamos a tiempo de cenar, dormir y prepararnos para el día siguiente.

La carrera se presentaba interesante, el año anterior había sido la vuelta de Porsche a Le Mans de manera oficial y presentando el GT1, que habría de ganar y demostrar el poderío de la marca en su carrera emblemática. Pero el GT1 oficial pilotado por Wolleck, Stuck y Boutsen fue batido por el Porsche Joest de Jones, Wurtz y Reuter. El Joest TWR Porsche WSC-95 tenía un motor Porsche Type-935 3.0L Turbo Flat-6 y se llevó la carrera por delante de los coches de fábrica. Y en 1997, el año del 50 aniversario de Porsche, los GT1 oficiales volvían para intentar llevarse la carrera, pero también lo intentaba con mucha fuerza Nissan y McLaren.

Nuestro deseo de ver una salida emocionante estaba ahí, así que nos fuimos con ganas y antelación al circuito. Porsche no tenía en aquella época un gran despliegue para la prensa, de hecho éramos los únicos españoles que contábamos con un pase de Porsche y ni siquiera se esperaba que hubiera ningún ejecutivo de prensa de la marca para informarnos.

Y nos subimos a los 911, yo con Alejandro Moñiz en el Turbo y Azucena e Iván juntos en el 911 tiptronic. Alejandro conducía y Azucena también. Y aquí llega el momento clave de la jornada. De repente nos enteramos que todos los asistentes al evento que lleguen a bordo de un Porsche pueden acceder al circuito y efectuar la vuelta de honor. No nos lo podíamos creer, pero así era. Fue realmente indescriptible ver a todo el público sentado vitoreando a los cientos de Porsche que tuvimos la suerte de acceder al circuito. Los oficiales de ruta nos saludaban con las banderas a nuestro paso y nosotros íbamos a nuestro ritmo disfrutando del “paseo” de honor. Nos habían advertido de que no se podía adelantar, pero alguien, cómo no, rompió las hostilidades. ¿Quién?. Miro a mi lado y veo que Azucena se harta de ir a paso de tortuga y nos adelanta. “Nooooooo!!!!!” -grito-. Alejandro me mira y me dice: “Yo también, si Azucena adelanta, yo también”. Y ahí vamos los españoles, adelantando y corriendo por Le Mans a todo lo que daba el coche. ¿Y qué paso con el resto de “invitados”?. Pues efectivamente, allí se adelantaba todo el mundo. Ya daba igual, todos en modo “piloto”, imitando a los locos españoles, en un Le Mans que vibraba a nuestro paso y que veía atónito cómo los “porschistas”  se pasaban y se repasaban los unos a los otros en plena orgía de adelantamientos no autorizados.

Cuando acabamos la vuelta nadie nos dijo nada más que no fuera un pulgar levantado en señal de aprobación.

Después nos dispusimos a ver la carrera, el Porsche Joest volvió a ganar a los GT1 de fábrica. Pero nada pudo superar a la emoción de volar por la pista en nuestra vuelta de honor. Algo de lo que muy poca gente puede alardear.