Algo se muere en el alma…

“Dejas un vacío muy grande y nuestros corazones rotos. Pero nos has enseñado mucho, a ser las personas que somos hoy en día! Hasta siempre amigo”. Así se despedía Fonsi de su tío Ángel en Instagram, tras el fallecimiento de éste en un hospital de Ibiza.

Yo no soy nadie para hablar de Ángel Nieto, toda una leyenda del motociclismo, de la tele en blanco y negro… y luego en color, del Mundial de Moto GP, el dueño del famoso 12+1; un héroe nacional, un pionero; de esos como Santana, Ballesteros, Pedro Carrasco, Bahamontes; un símbolo como la bandera de España, me atrevería a decir.

Y quiero hacerlo  -con todo el respeto y cariño- porque ha fallecido y porque siento la tristeza en mi interior. Y porque conozco a Gelete, a Pablo y a Fonsi. Y quieras que no, me entristece su desolación, su desazón, su desamparo. Les considero mis amigos y eso me hace estar a su lado, aunque sea en la distancia.

Yo perdí a mi padre cuando tenía 27 años. Él tenía 67 y un infarto se lo llevó justo cuando hacía muy pocos años que había decidido retirarse. Así que sé un poco de perder familiares, porque también perdí a mi hermana por un tumor cerebral (46) y a mi madre con Alzehimer (85) y a mi primo y mejor amigo Antonio en un accidente de coche (47) Y a mi compañero de piso y amigo Manolo, atropellado en una carretera (30 y tantos). Casi todos ellos en apenas 3 años. Sé de desazones y de pérdidas y lo peor es que no sé qué decir y cómo mitigarlas en los demás. Un, ¿lo siento? Un, ¿te acompaño en el sentimiento?. Palabras usadas y gastadas que no reflejan lo que realmente necesito trasmitir: “resucitaría a tu padre si pudiera”, “se me retuerce el alma de verte así”, “siento mucho no haber estado más en contacto contigo, que tiene que ser ahora que nos volvemos a ver”.

A Ángel lo conocí, me acuerdo. Pablo y Gelete me presentaron en varias ocasiones. Pero, para mí, como ocurre  otras veces cuando te presentan a alguien tan famoso, era encontrarte con “la leyenda Ángel Nieto”, un mito y alguien muy próximo a la vez, sin conocerle. Yo para él era un desconocido, pero para mí él era alguien cercano, porque le has visto tantas veces en la tele, compitiendo, comentado carreras, haciendo entrevistas que te crees que es alguien casi de tu familia, alguien con quien has convivido. Es el efecto de la tele, la cercanía artificial que producen las ondas. Pero con Ángel era distinto, algo más. Por eso, Ángel Nieto seguía generando simpatía en el “paddock” de los Grandes Premios, se mantenía en contacto con los jóvenes del mundial, mostrando el camino a otros, enseñando, informando.

No hace mucho vi un excelente documental sobre uno de los mejores amigos de Ángel, Ricardo Urgell, el fundador y dueño del imperio Pachá. Se llama: “el arquitecto de la noche”. Muy recomendable. Me encantó; porque, como a Ángel y Ricardo, la Ibiza “tranquila” me cautivó hace muchos años ya. Y ha tenido que ser en Ibiza donde Ángel ha tropezado de forma mortal. Irónico que haya sido así. Y lo peor ha sido el momento. Porque lo natural hubiera sido que el desenlace se produjera de forma tranquila, después de muchos años de vida, de mucha más vida, de forma más sosegada. Ángel Nieto tenía 70 años, pero se notaba que le quedaba mucha vida por delante. De hecho su madre tiene ya 100 años y le ha sobrevivido. ¿Qué hay peor para un padre o madre que perder a un hijo? Yo creo que no hay nada peor en la vida.

Ángel Nieto se ha ido. Gelete, Pablo, Fonsi y demás familiares han encontrado un hueco en sus almas.

DEP Ángel Nieto

Mario Camacho