Vinos, Molinos y Monasterios: Descubriendo «El Clon de la Familia», de la bodega Emilio Moro.

“Vieja madera para arder, viejo vino para beber, viejos amigos en quien confiar, y viejos autores para leer.” Francis Bacon.

Conocí los vinos de Emilio Moro (Ribera del Duero) hace ya algunos años, tantos que no puedo acordarme del año con exactitud. El tiempo pasa deprisa y a veces despacio. Y a la memoria le pasa lo mismo, parece que fue ayer lo que en realidad ha sido hace mucho tiempo. Por eso me acuerdo con bastante claridad de aquel día que conocí al Presidente de las bodegas, a José Moro. Se organizó una cata muy exclusiva en el Club de Tenis Manolo Santana de Boadilla. Unos privilegiados acudimos a la cita: Sergio Sauca, el periodista y presentador de los deportes de TVE; Gorka Arrinda, dueño de una importante empresa de contratación de deportistas; Rafa Medina, duque de Sevilla y fundador de la marca de ropa Scalpers y un servidor, entonces vinculado a la marca Porsche. Allí recibí muchos consejos y conocimientos sobre el vino. José Moro nos explicó sobre sus bodegas, sobre los vinos que nos iba a mostrar, los Malleolus, concretamente las joyas de su bodega: Valderramiro y Sanchomartín. Nos dijo que la uva procedía de viñas pequeñas, pero muy distintas. Una de cepas muy viejas y otra de cepas plantadas en altura, en terreno más calizo. Pero que los dos eran dos vinos excelentes, de poderío. Y lo disfrutamos en nariz primero y en boca después. Nos explicó la importancia de que la copa fuera grande, para que el vino fuera abriendo, que un reserva se debía abrir con tiempo y que había que esperar un bu

en rato, tal vez horas, para que el vino respirara y poder disfrutarlo en plenitud. Nos enamoramos de aquellas joyas, de aquellos colores, del aroma, del sabor. Y me quedé con los nombres, con esas historias y con ganas de volver a disfrutarlos.

Muy poco tiempo después José tuvo el detalle de invitarme a la inauguración de su nueva bodega, Cepa 21. Bodega que nacía con el saber hacer de la familia, pero que unía en su accionariado, en pequeñas dosis, a personajes muy conocidos de la vida social española, el jugador del Real Madrid, Ronaldo, entre otros. Una jornada excelente en la que visitamos una bodega moderna, abierta y con una arquitectura espectacular, que habría de dar vida a una nueva marca que nacía, Cepa 21. Por la noche nos esperaba una espectacular fiesta, un evento increíble para unas 1.500 personas; gente de postín y apellido, se dio cita en aquel lugar engalanado para el evento. No sé cuantas botellas de Cepa 21 Magnum pude ver circular; y he de decir que aquella añada, aquellos vinos Cepa 21 eran impresionantes.

Con todo ello, siempre tuve en mi memoria volver y visitar de nuevo las bodegas. Ver Emilio Moro acompañado de familia y amigos para disfrutar y compartir con otros aquello que yo ya conocía, aquellos vinos que me marcaron. La bodega es ahora un gran emporio empresarial muy bien dirigido y con un excelente equipo de profesionales. Veo a José muy volcado en las redes sociales, haciendo un muy buen trabajo audiovisual, sobre todo siendo muy constante en Instagram. Me gusta lo que hace y así se lo he transmitido en ciertas ocasiones. Sé que realiza mucho marketing en el extranjero, que hace marca España y que se siente orgulloso de ello.

Emilio Moro.



Y volví. Y allí estuve. La visita fue fantastica y se la recomiendo a todo el mundo. La atención es fenomenal y las explicaciones de Beatriz Mansilla, la responsable de enoturismo de la bodega, impecables. Y, tras ver viñedos e instalaciones llegó el momento esperado, disfrutar de nuevo de todos los vinos de la bodega: Finca Resalso, Emilio Moro, Malleolus, Malleolus de Valderramiro y Malleolus de Sanchomartín. No voy a hablar de las características de estos vinos, lo mejor es probarlos y disfrutar de sus peculiaridades. Sólo decir que tras la cata nos pasamos por la tienda y cargamos bien de existencias. Y que hasta me atreví a comprar una botella de la joya de la casa: «Clon de la familia». Un vino muy exclusivo que «cuenta con una producción limitada de unas 1.000 botellas aproximadamente, condicionada a una excelente calidad de la uva y elaborándose exclusivamente aquellos años excepcionales en los que la cosecha le imprima su peculiar carácter. Es un reconocimiento al legado familiar que, a través de los años, ha hecho posible seleccionar un clon de la variedad tempranillo. Además, es un vino con carácter solidario puesto que la recaudación de sus ventas se destina, de forma íntegra, a la Fundación Emilio Moro.» dice la web de la bodega. No me pude resistir. A nada me pude resistir, porque en la comida del día siguiente, en casa, ya estaba abriendo la botella y compartiendo tan precioso caldo con mis compañeros de viaje.

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Comida por la zona

“Una de las mejores cosas de la vida es que debemos interrumpir regularmente cualquier labor y concentrar nuestra atención en la comida”. Luciano Pavarotti

Conseguimos la recomendación y la reserva de Beatriz en un lugar magnífico, un molino que ahora es un establecimiento de primera: Hotel Fuente Aceña; El restaurante se encuentra en el antiguo molino harinero de Quintanilla de Onésimo, sobre el río Duero, con un increíble paisaje. Un edificio de 300 años que mantiene todo su carácter y un ambiente sofisticado y moderno. Este restaurante mezcla los sabores castellanos de siempre con un toque innovador que le da su jefe de cocina, Pedro de Rodrigo. En la carta siempre se mantienen los clásicos de la casa como el cochinillo confitado, la lasaña de morcilla, el lechazo o el milhojas de la posada. Disfrutamos y mucho. Nos pareció realmente excelente, un sobresaliente en cada plato que probamos.

Castilla Termal, todo un lujo

«Mándeme una habitación más grande». (Groucho Marx).

Y para acabar la excursión otra merecida visita que recomiendo muy mucho, El Hotel Monasterio de Valbuena. Un establecimiento hotelero que está situado en pleno corazón de la Ribera del Duero y cuyo nombre completo es Hotel Castilla Termal Monasterio de Valbuena. Es el primer balneario 5 estrellas de Castilla y León y que se encuentra ubicado en uno de los Monasterios Cistercienses mejor conservados de Europa; un edificio que data del siglo XII y que se ha convertido en un exclusivo complejo turístico. Cuenta con 79 habitaciones todas ellas superiores y con más de 18.000 metros cuadrados construidos. Es realmente enorme y grandiosos. La zona termal es espectacular, su diseño y cuidado de los detalles es maravilloso. Supera los 2.000 metros cuadrados y tiene 16 cabinas de tratamientos, varias piscinas termales, circuito de contrastes y piscina infantil. El Hotel también tiene un  gimnasio, huerto ecológico, jardín de especias, bodega de 140 metros cuadrados y 4,5 hectáreas de viñedo.

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