El mercado chino de coches eléctricos supera las ventas combinadas del resto del mundo.

El ministro de industria chino anunció el mes pasado que próximamente fijará la fecha para prohibir la venta de vehículos de combustión fósil, continuando así con las medidas para eliminar los vehículos de gasolina y diésel tomadas ya por Noruega (2025), India (2030), Francia (2040) y Gran Bretaña (2040).

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Con el objetivo de llegar a una quinta parte de las ventas de coches de energía alternativa sobre las ventas totales de vehículos en 2025, las ambiciones de Beijing para liderar la revolución de vehículos eléctricos son claras. Para producir coches para el mercado chino, el más grande del mundo, las firmas extranjeras ya han sido requeridas a formar joint ventures con firmas domésticas y presionados de alguna manera para transferir la tecnología de vehículos eléctricos a sus socios chinos.

El mercado chino de coches eléctricos es ya el más grande del mundo, con unas ventas estimadas este año que eclipsan las ventas combinadas del resto del mundo. De hecho, muy pronto China requerirá a las compañías de automoción para alcanzar unas cuotas mínimas en venta de “new energy vehicles” (NEV en inglés) si quieren permanecer en el negocio: deben alcanzar el 10% de ventas anuales en 2019 y el 12% en 2020.

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El principal obstáculo para esta revolución de vehículos eléctricos en China será crear una infraestructura de carga que sea viable a lo largo y ancho del país. Los subsidios del gobierno para incentivar la industria de los vehículos eléctricos han facilitado su rápido crecimiento, pero también una saturación de fabricantes, cada uno con sus propios estándares y procedimientos para puntos de carga. Esta disparidad puede dejar a muchos conductores en la estacada si no son capaces de predecir, por ejemplo, si los cabezales de carga en ciertas estaciones podrán acoplarse a sus vehículos.

La red de estaciones de carga anunciada por el gobierno permitirá, una vez desplegada, la carga de 5 millones de vehículos en 2020. Actualmente, el prohibitivo precio del suelo en el centro de las ciudades más prósperas (Shanghai, Beijing, Guangzhou…) empuja a la mayoría de las estaciones de carga hacia los barrios periféricos.

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Una medida que puede aliviar esta incómoda situación es la nueva regulación iniciada a nivel nacional desde comienzos de 2017, de que los centros comerciales y las grandes superficies, entre las que se encuentra IKEA, han de adaptar sus parkings para incluir como mínimo un 10% de plazas de aparcamiento con estaciones de carga para vehículos eléctricos. Y ahí se abre un mundo nuevo de posibilidades comerciales, no solo para atraer más visitantes en un mercado (el de los centros comerciales) que parece nunca saturarse en China o el de ofrecer una experiencia de compra más satisfactoria con este nuevo tipo de servicio, sino también en la pugna por el propio suministro en sí. Suministro cuyo precio es libre de momento, llegando a ser el doble según en qué centro.

Shanghai acaba de abrir a finales de Septiembre su primera estación de carga que es capaz de acumular la energía; funciona con paneles fotovoltaicos capaces de cargar un vehículo en menos de una hora, con todo el excedente de electricidad conectado a la red de suministro de las comunidades vecinas.

¿Será esta una forma de hacer los centros comerciales autosuficientes al mismo tiempo que se abre una oportunidad de negocio para los grandes retailers? Lo que es seguro es que vamos asistir a la explosión del mercado de los vehículos eléctricos antes de lo que pensábamos, y eso es de agradecer en un país tan contaminante como China.

Emilio Sánchez: Expansión manager de Ikea en China