Movilidad, vivienda, estilo de vida y jubilación.

No hace muchos años, los españoles éramos compradores de viviendas. Aunque los sueldos no eran de otro mundo, se hacía el esfuerzo por comprar un pequeño piso, algo que considerabas tuyo y en el que pensabas vivir, a diario y durante los fines de semana. Era una inversión y a la vez una compra práctica que en muchos casos servía para independizarte de tus padres. Acceder a una hipoteca y con algo de ahorro, pequeño… se podía llegar a comprar un modesto apartamento bien ubicado, o al menos lo suficiente bien ubicado en un Madrid donde era fundamental y se consideraba de buen status tener coche. Un coche que utilizabas para todo tipo de desplazamientos, para movilizarte  por todo Madrid y que, a la hora de aparcar, lo podías dejar en la calle, sin más problema que encontrar un sitio libre. Y eso sí, sin tener que pagar nada por ello, la calle era de todos.

Hoy la movilidad de Madrid ha cambiado mucho, tanto en el fondo como en la forma. Ahora no se puede aparcar el coche sin pagar y, en algunos casos, si vives por el centro, mejor que no tengas un automóvil de tu propiedad. Lo más lógico es que uses el transporte público o uno de esos llamados carsharing que son como un taxi, pero sin serlo, porque son coches negros y los llamas desde una app de tu smartphone. Y esta app tiene tus datos como pagador, y cuando te bajas ya has pagado ,y no te entretienes tanto como cuando tenías que pagar al taxi en cash.

Ahora la gente tiene otras prioridades. Vivimos en el centro, cueste lo que cueste y ya no consideramos el alquiler como tirar el dinero (aunque se esté convirtiendo en prohibitivo). Eso nos permite una vida social, en teoría más intensa, puede que incluso más paleta, puesto que el joven madrileño de ciudad se circunscribe a su barrio, a su zona de comfort y de ahí, por varias cuestiones, es muy difícil que salga o se traslade a otras zonas. La comodidad en el fondo, el ambiente… lo controlado. Con lo que esta actitud «pueblerina» hace que ya no sienta ni interés por al automóvil, objeto antes de deseo, pero que ahora es un estorbo y un gasto innecesario que solo hace restar dinero para uno de los grandes retos de este «clan» central: el viaje. Y las preferencias donde viajar son siempre en avión y si puede ser un país asiático mejor. Cualquier miembro de las nuevas generaciones tiene que coleccionar fotos de su estancia en Japón para mostrar a sus seguidores de Facebook o Instagram. «Cada puente, cada fin de semana, cada semana de vacaciones, cada 15 días de verano hay que planificar un viaje donde gastar ese dinero que nos hemos ahorrado, ya que hago el esfuerzo de no vivir en una casa que me guste, sino que me alojo en una casa que huele a provisional, que rezuma precipitación y nomadeo, y de la que sin sentirme orgulloso por su decoración, sí que lo estoy de su ubicación… porque esa es la realidad que mola transmitir. Vivo por… (pero mi ducha compartida mide 70 cms por 60 cms)». Ya no tenemos coche, ya no me gusta conducir, o por lo menos me aguanto. «Lo que me gusta ahora es quedar con mis amigos y tardar solo unos minutos andando. Disponibilidad, sin cargas. Y si voy más lejos tengo cartogo o Uber y si es cerca un patinete eléctrico, que hoy visto de sport y me hace gracia, que aún estoy en forma».

Se es joven y se cambia de mentalidad, «la vida es corta y hay que aprovecharla al máximo. Vivir sin ataduras, ni personales, ni profesionales, ni materiales. Libertad de paso. Disponible para cualquier oportunidad que te ofrezca la vida. Y sin hijos. Los hijos atan y cercenan las oportunidad laborales que te ofrece la vida, y a veces las oportunidades que recibes por estar en el sitio adecuado en el momento adecuado». Marquemos objetivos, pero solos. «Naces solo y mueres solo (una de las mayores estupideces que he oído en mi vida)». Y  no es una actitud egoísta… «no me llames egoísta, ni egocéntrico, porque no es cierto. Yo colaboro con varias ONG y entrego mi tiempo a acciones destinadas a ayudar a los demás. Yo colaboro… colaboro sin ataduras. Hoy estoy, mañana quiero venir también, siempre que no aparezcan unas entradas para el conciertazo de Coldplay (Viva la vida). Coges un UBER y te plantas en 7 minutos en pleno estadio… y no tienes que aparcar».

Pero… y si la vida da muchas vueltas… y si en realidad te sientes muy solo o sola, porque no has sido capaz de afianzarte: a personas, familia, amigos, trabajo que te dé tranquilidad. Y si la soledad es lo que te hace consumir cada vez más. Se puede estar muy solo rodeado de gente. Arraigar, palabra en desuso y denostada que implica compromiso.    El compromiso es lo contrario del egocentrismo. «Vivir sin comprometerse, y aunque te comprometas, puede no ser todo lo serio que pensemos… o al menos puede ser un compromiso relativo, según lo que me pida el cuerpo, según mi conciencia egocéntrica».

Los demás. «Los demás son los que me rodean, son los que viven como yo o los que te pueden acompañar, sin ataduras, a andar un pequeño camino… un trecho. No nos vemos mucho, porque la oportunidad puede pasar por mi calle y quizás mi destino esté trabajando para una multinacional… expatriado/da. Cómo molaría ser expatriado/da. Una experiencia increíble, ¿quién dice que no? Roma, París, Londres. Eso es guay, mucho mejor que la vida de los que se quedan, y sobre todo de aquellos pringados que se han comprado casa en propiedad, pagando su hipoteca…atados a ella». La tiranía de la cuota mensual por la hipoteca. Algo que merece un esfuerzo que no se pretende asumir. Así pensamos ahora.

Y los hijos. «Ya vendrán si dios quiere… si yo aún soy joven.. si ya la medicina permite tener hijos con más de 40 años… eso ya no es un problema. Pero es que he tenido tanta mala suerte con los hombres… con las mujeres… con mis amigas. Sin culpa, siendo yo mismo/ma he tenido que sufrir muchas contrariedades, muchas penalidades y desencuentros… pero eso no me va a volver a pasar. Lo juro. Ni de coña. Yo voy a vivir la vida sin preocuparme de los demás. Vive y deja vivir. No me critiques porque tú no sabes cómo ha sido mi vida. ¿Quién eres tú para juzgarme?»

El futuro. «Pues eso ya se verá. No voy a vivir siempre, pero algo surgirá. No sé cuánto tiempo voy a vivir, pero lo es que seguro es que no estaré solo/la porque habré conocido tanta gente… y tendré un dinero ahorrado y seguiré viajando… como nunca tuve hijos…» «Los hijos son una carga. Dios quiso que fuera así y en mi caso, nunca he tenido que gastar dinero en pagarle colegios y comprarle caprichos. Eso que me he ahorrado».

«Dicen que puede que las pensiones sean ridículas para cuando a mí me toque. Dicen que la esperanza de vida será altísima, es posible que pueda vivir 40 o más años viviendo de la jubilación. Y por qué me iba a preocupar… el estado tendrá que hacer algo. Saben que ya no compramos casas, que vivimos de alquiler. Seguro que votando a un gobierno socialista o podemita conseguiremos unas pensiones que me permitan vivir bien y pagar al alquiler. Tampoco necesitaré una gran casa. Con algo pequeño me vale, nunca tuve hijos, ni marido… Novios sí, muchos, y estoy seguro/a que seguiré estupenda/do y mi smartphone no dejará de sonar. Siempre habrá planes».

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