Empleo y oportunidades en España, de la TRANSICIÓN al COVID-19

Que no se piense la generación “Z” que para sus padres el acceso al mundo laboral fue fácil. Venimos de tenerlo muy complicado.

Todo lo contrario que para sus abuelos. Los que vivimos en la transición, y que incluso conocimos cómo se vivía con Franco, somos conscientes de que el mercado laboral era -digamos- fácil para nuestros progenitores. Durante la posguerra no se pasó nada bien, pero quien le echaba ganas encontraba su oportunidad en una sociedad que era necesario reconstruir. De hecho, en la mayoría de las familias, por no decir todas las familias de mis amigos de colegio, era el padre el único miembro que trabajaba y que llevaba dinero a su casa. Las mamás de mis amigos, en su gran mayoría, tenían por profesión ser amas de casa. Desconozco la razón, supongo que en cierta forma fueron educadas para ocuparse de sus hijos y hacerse cargo de las tareas del hogar. A algunas también les faltaba formación, para otras era lo que se estilaba en la época. También había un factor importante: con el dinero que llevaba papá a casa se vivía perfectamente y no hacía falta más. Para que os hagáis a la idea, conozco el caso de un aparejador (ahora, arquitecto técnico) con diez hijos. Éstos heredaban la ropa, lógico, pero todos iban, sin excepción, a colegio de pago (Los Maristas)y MM Agustinas… y todos llegaron a ser Universitarios. Además, doy fe de la alegría que se vivía en esa familia, el buen ambiente y el amor que se tenían unos y otros.

Poco a poco, las siguientes generaciones, incluidas las mujeres, fueron llegando a la Universidad, ya hablamos de los 70 y los 80, pero no fue hasta que Alfonso Guerra (PSOE) dijo aquello de “El Hijo del Obrero a la Universidad” que las cifras de hombres y mujeres se dispararon en las Universidades Españolas. Y esto, a medio y largo plazo, se ha visto que no era lo más adecuado. En las familias españolas estaba aceptado que no había otra opción para los hijos que pasar por la universidad y conseguir una licenciatura, y no cualquier licenciatura, siempre hubo predilección para ser abogado, ingeniero, médico o arquitecto en el caso de los chichos, y se era más permisivo en el caso de las chicas, donde carreras como Filosofía y Letras, psicología, periodismo, historia, etc también estaba bien visto y aceptado. Se entendía que siempre habría trabajo y buen sueldo para alguien con una licenciatura universitaria, fuera la que fuera.

Así ocurrió, que los oficios fueron denostados y hoy en día tenemos millones de universitarios incapaces de cambiar un enchufe o desmontar un grifo, hacer un cercado o montar la tarima de madera de una casa. ¿Qué hemos perdido?, pues que no tenemos capacidades en el desarrollo industrial, en la puesta en marcha de iniciativas empresariales productivas o en la fabricación de bienes de equipo. Así nos va.

Pero volvamos a los 80. La saturación universitaria generó dos fenómenos: uno, que la mujer comenzó a ocupar trabajos en la sociedad y a ganar su propio dinero en empresas, como consecuencia, el empresariado, viendo que ahora tenía gente preparada por partida doble y que le llovían los Curriculums, decidió bajar los sueldos. Desde entonces, no es posible vivir bien si no son con los sueldos de papá y mamá los que entran en casa. Pero para el PSOE, que gobernaba en aquel momento, la disparatada tasa de paro no era consecuencia de nada, si no por una crisis económica y financiera originada por el estallido de la burbuja inmobiliaria en Japón en 1990, y agravada con las tensiones del precio del petróleo ocasionadas por la guerra del Golfo, que afectaron a la inflación. Otro de los fenómenos de la época, es que los licenciados en filosofía o en historia o la carrera que fuera, se veían obligados a aceptar posiciones en la recogida de basura o, en el mejor de los casos, opositar a un puesto en la administración, que les garantizara un salario digno de por vida.

Los componentes de la generación “Y”, en su mayoría, tardamos muchos años en conseguir un buen trabajo y meternos de lleno en el mercado laboral. No fue hasta 1995 cuando podemos decir que el empleo y la situación económica de las personas cogió impulso. En palabras de Aznar, que gobernaba entonces, “España iba bien” y lo cierto es que se vivía una cierta euforia que permitió que la clase media se sintiese cómoda y asentada, permitiéndose afrontar inversiones, mejorar sus vacaciones o adquirir productos de marcas de prestigio.

Pero la fiesta se acabó en 2008, en realidad, podríamos decir, con la celebración del fin de año del 2009. Fue sonar aquellas campanadas de noche vieja y la “amada” estabilidad se vino abajo como un castillo de naipes. “La economía es una cuestión de confianza” y ésta, de repente, comenzó a faltar. Aquel desastre empezó por los EEUU de América, con la famosa crisis de Lehman Brothers que en septiembre de 2008 presentó su declaración formal de quiebra tras la salida de la mayoría de sus clientes, pérdidas drásticas en el mercado de valores y la devaluación de sus activos por las principales agencias de calificación de riesgos. Estos ocurrió principalmente por la involucración de Lehman en la crisis de las hipotecas subprime, asumiendo riesgos descomunales.

Debido a ello, durante los siguientes años, pasado el 2011, muchos de los miembros de la generación X deambulamos intentando llegar de nuevo a un empleo como el que recordábamos, pero las empresas nos dieron la espalda en beneficio de recién llegados con menos experiencia, pero dispuestos (por su juventud) a tomar posiciones, ganando 1/3 de lo que otros ganábamos anteriormente. Así, la mayoría de los experimentados ejecutivos de la generación X tuvo que buscarse la vida como autónomo, intentando llegar a realizar trabajos de consultoría, comercialización de servicios y productos como externo… y poco más; autónomos a fin de cuentas, cotizando desde el minuto uno sin tener ingresos y sin prestaciones sociales en caso de pérdida de facturación o clientes. No obstante, como buenos supervivientes, muchos están aún por aquí… y sorpresa, en 2020 llegó un virus que lo volvió a desbaratar todo. 

El desastre del COVID-19

Ahora, en época de COVID-19 todas las generaciones X e Y y Z vamos a sufrir una crisis sin precedentes, no solo en materia sanitaria, sino también en lo laboral. Muchas de las industrias más importantes van a estar mucho tiempo sin poder asomarse al mercado de la economía por lo que sus ingresos  y actividad van a ser imposibles. Automóviles, turismo, eventos, líneas aéreas, rent a car, cruceristas, hoteles, bares y restaurantes y todos los proveedores de estos, ya cuentan con un grave problema para poder volver a la normalidad. ¿Hasta qué punto, sus empleados conseguirán mantenerse en la nueva anomalidad? La falta de previsión primero y la falta de planes profesionales y consecuentes para estar preparados cuando todo esto se solucione en materia sanitaria, generan muchas dudas a empleadores, autónomos y trabajadores por cuenta ajena. 

Los próximos capítulos se escribirán pronto, pero ya os adelanto que los que estén pasados los 50 y estén trabajando en empresas por cuenta ajena que se vayan preocupando por su actual estatus, vienen recortes … y puede que les muevan la silla.